No todos los caminos conducen a un destino.
Algunos conducen a un susurro.
A la voz de la selva mojada,
al canto invisible de los colibríes,
al silencio amable que nace cuando el alma descansa.

Aquí, entre huertos y flores,
no vienes tú a buscar la cabaña.
Es ella la que te llama,
la que se abre como una fruta madura,
y te dice:
“Te estaba esperando.”
Así son las Cabañas del Sur de Guillén.
Lugares que no se inventan.
Lugares que recuerdan.
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